El gerente venezolano del siglo XXI

La gerencia puede ser vista como una función (división organizacional), un rol (el papel que una persona desempeña en una organización), un oficio o profesión (que en los tiempos actuales requiere formación especializada, existiendo programas formativos de cuarto y quinto nivel) o una disciplina (campo del saber). De todas las acepciones anteriores, la que más define lo que es hoy por hoy la gerencia, es su carácter disciplinario. Como campo del saber la gerencia es la ciencia y arte de la dirección. Ciencia, porque comprende un cuerpo articulado de conocimientos, muchos de los cuales son propios y muchos otros aportados por otras ciencias que le son auxiliares (prácticamente todas las ciencias conocidas). Arte, porque en igualdad de condiciones formativas, hay diferencias atribuibles a la fórmula personal, a las características individuales de cada quien.

Dentro de este concepto, el gerente –tanto del sector privado como del público – es un importante agente de cambio, por su responsabilidad en las decisiones y en la administración de recursos, lo cual lo ubica como una de las figuras esenciales de las organizaciones. Esto da poco margen a la colocación de figuras, sobre todo en los tiempos actuales, que simplemente cumplan un rol. En el tercer milenio esto es retrógrado e inviable. Los países desarrollados lo han comprendido. Han comprendido que para gerenciar se necesita de un hombre preparado como tal, un profesional de la gerencia, que provenga de una escuela de negocios y que reúna las condiciones científicas y personales para obtener la máxima eficiencia y rentabilidad de una organización empresarial en el reñido y competitivo mundo de hoy.

El estadio evolutivo de la gerencia del siglo XXI, vinculado al desarrollo cualitativo-humanístico (con el enfoque holístico y la conceptualización simétrica y asimétrica de la dirección), tiene como reto fundamental, para el logro de ventajas comparativas y competitivas, la innovación, lo cual significa, el modo, continuo y discontinuo, de generar nuevos productos, nuevos procesos y nuevos paradigmas (esquemas mentales).

Las naciones ubicadas entre las primeras diez economías del mundo, que han alcanzado esferas superiores de desarrollo humano, político, económico, científico y cultural, cuentan, como motor fundamental de su logro, con los mejores sistemas gerenciales; y por tanto, mejores gerentes. Todo ello como producto de reconocer a la gerencia como una disciplina, una especialidad profesional, cuyo norte fundamental sea la innovación, que asegure el éxito en la competencia por arrebatar mercados. Este acertado proceder ha llevado a Estados Unidos, por ejemplo, a establecer y desarrollar decididamente, uno de sus pilares fundamentales de desarrollo: las Escuelas de Negocio. Las tres mejores escuelas de negocios del mundo (Harvard, Berkeley y Yale), están en USA, primera economía del mundo.

En Venezuela, país tropical y pardo, ello no ha sido así. Adolecemos de una gerencia profesional. El gerente venezolano arrastra la rémora del modelo socioeconómico rentista monoproductor, de extracción caudillista, populista, pedestre y feudal que nos mantiene anclados un siglo por detrás de la carrera mundial. Esto tiene una explicación. Por el mismo pasado histórico de América Latina y el esquema de dominación impuesto por las potencias a la región en su condición de productora de materias primas fue anulado en nuestros empresarios, industriales y dueños del capital, el sentido de nacionalismo, de iniciativa, competitividad y espíritu de grandeza. En cambio fueron forzados y se enquistaron en una acomodaticia economía de puertos, se convirtieron en serviles suministradores de materia prima e importadores de productos terminados. Nuestra burguesía, nuestros hombres del capital, estuvo y sigue formada por terratenientes, viles comerciantes, especuladores e importadores, todo ello al amparo de una clase política, sine qua non, inaugurada con el huno Páez y toda la caterva de caudillos montaraces, salvajes, ignorantes, bárbaros, sibaritas, “supremos” y despreciables que han envilecido nuestra historia. Nuestra burguesía no es nacional, creadora, audaz, pujante ni ambiciosa, por lo tanto nuestros gerentes como expresión única del modelo de administración de recursos de tal estado de cosas no podían ser algo más que su reflejo.

El gerente venezolano de este siglo es autoritario, como resultado del pasado caudillista, con un estilo de liderazgo que procura protagonismo y trillada conciencia de estatus. Es improvisado, sin apego a los planes, procedimientos y uso efectivo del tiempo, sobretodo los gerentes del sector público. Tiene audacia, pero esta audacia es solo “viveza”, no trasciende más allá de miras simplistas, personales y localistas. Es negociador pero no persuasivo, no seduce, no apasiona. La gran mayoría llegan a esa posición por relaciones de lealtad más que de capacidad. El gerente venezolano es capaz de generar lealtades, de formar tribus, clanes, pero no de inspirar confianza en sus colaboradores ni tampoco tiene la grandeza de espíritu necesaria para formar relevos generacionales cada vez mejores. Tiene ambición, pero su ambición no pasa más allá de tener una buena camioneta, una mansión en una urbanización pudiente, varias amantes y llevar a sus idiotizados hijos a Disneyworld.

Por ello necesitamos una nueva gerencia, un nuevo gerente. Un gerente venezolano del siglo XXI, del tercer milenio, que surja como producto de una transformación paradigmática de la conciencia moral de la nación. El gerente venezolano del siglo XXI que queremos debe ser profesional, estratega, innovador, ético, moral, nacionalista, evolucionado hacia nuevos estadios de pensamiento, un halcón que otee desde su altura los horizontes económicos del mundo en busca de nuevos mercados. Este factor vital de nuestro camino a la cumbre debe ser un hombre dotado de una fina sensibilidad para comprender y manejar el entorno, lo cual requiere una actitud abierta, capacidad de respuesta, rapidez, adaptación y creatividad. En particular, en el entorno atípico de Venezuela: un país con un gran ingreso petrolero, una economía volátil, una población que se empobrece y gobiernos que históricamente no han estado a la altura, pero que paradójicamente representa, hoy por hoy, la tierra con más oportunidades de negocio y de desarrollo en el planeta. El gerente del siglo XXI venezolano no simplemente debe centrar su gestión en el poder y en la autoridad formal otorgada, sino que debe conservar y fomentar su capacidad de visión futurista e innovadora, con un accionar propio y auténtico, que vaya más allá del cumplimiento de las metas y objetivos, con los conocimientos que requieren los nuevos paradigmas, y además debe ser, un buen estratega, emprendedor, creativo, un líder de cambio, seductor y persuasivo. El gerente venezolano del siglo XXI debe formar e inspirar colaboradores y no clanes, debe motivar e integrar, dándole el justo valor a la comunicación como herramienta vital en la construcción de un clima organizacional óptimo. Debe comprender el uso del tiempo como activo fundamental de las organizaciones, sembrar valores para cosechar culturas organizacionales de avanzada que nos garanticen a los hombres de hoy y del mañana el alcance de nuestro Destino Manifiesto. El nuevo gerente venezolano debe ser un hombre de retos, por lo tanto debe tener las siguientes características:

  • Autoconocimiento. El FODA es la herramienta fundamental para ello. El gerente del siglo XXI debe conocerse a si mismo, saber cuales son sus debilidades, fortalezas y vislumbrar las oportunidades y amenazas en el entorno. La gerencia clásica es sustituida por la gerencia estratégica, innovadora y de avanzada. Debe desprenderse de las rémoras paralizantes de los viejos esquemas de la Venezuela rural y rentista. La Venezuela de Juan Bimba, del conuquero de machete y garabato, del guetto, del subhombre de los arrabales de las muchedumbres proletarias de nuestras vergonzosas ciudades, del último hombre nietzscheano, debe morir y ser sepultada en la anécdota histórica para que nazca la Venezuela del hombre del tercer milenio: el ciudadano. Hacia ese hombre debe estar orientada la función gerencial. Y nuestro gerente futuro debe tener plena conciencia de ello.
  • Adaptabilidad y flexibilidad. Debe estar preparado para los cambios constantes que surgen alrededor de la empresa.
  • Creatividad. Es la característica más importante. El gerente de este milenio debe ser propositivo, usando la creatividad para aportar soluciones efectivas a las situaciones que se presenten en las organizaciones, teniendo como norte la mayor rentabilidad, con el compromiso sinérgico de su equipo de trabajo.
  • Promover el reto, la competitividad y la cognocencia de su equipo de trabajo. El reto y la promoción de la sana competencia entre los colaboradores es el camino seguro a la excelencia y la máxima rentabilidad económica.
  • Conocimiento de su equipo, de sus colaboradores. El gerente de este siglo debe comprender que es un hombre que dirige hombres. Por lo tanto debe consustanciarse con su equipo, entender cuales son sus valores, sus creencias, sus deseos, sus destrezas y sus ambiciones. Los grandes hombres de la historia, aquellos que desafiaron los límites de la credibilidad humana con sus proezas, lo hicieron sustentados en un sólido conocimiento de las fuerzas que comandaban.
  • Por ultimo, los gerentes del nuevo siglo se encuentran ante equipos de trabajo cada vez más formados técnica y académicamente, que cada vez esperan más de su líder, por lo tanto, gerenciar actualmente, más que un reto, implica despojarse de las antiguas creencias del poder del cargo y empezar a ser un líder y guía para sus colaboradores.

Fuente:  Por: Franklin R Soler  www.aporrea.org

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