El nuevo venezolano de las cavernas

 

Como el actual gobierno no está, y nunca ha estado, en capacidad de afrontar conflicto algu­no se dedica inventar andrajos corpora­tivos para abarrotar el Estado con “burócratas leales” que lejos de atenuar el angustioso caos del país, lo incrementa. Chávez, contrario a lo que muchos piensan, nunca entendió cómo es­tá estructurada la sociedad venezolana. Aho­­ra Maduro, “calcando su estilo”, se dedica a crear frases descerrajadas conducentes al re­traso cultural. El término retraso cultural (Cultural Lag) fue acuñado hace casi un siglo (1922) por el norteamericano empiricista a ultranza, William F. Ogburn (1886-1959), para describir los ritos de domesticación y aco­mo­do de las sociedades en períodos de dese­qui­librio social hasta lograr estándares sociales disminuidos y de resignación colectiva.

Con el ascenso de Chávez al poder (1999) se inicia el período más lúgubre de nuestra historia republicana porque su credo estaba encajonado en instintos de corte marxista que sólo podían traer un atraso institucional como el que yace en Cuba. Luego de 18 años de utopía revolucionaria el país está en banca­rro­ta y colmado de corrupción. Citemos algunos indicadores sólo como referencia:

Sustitución de hospitales públicos por módu­los cubanos y ahora los enfermos se mueren de mengua. Alimentos técnicamente certifica­dos por una limosnera cajita importada (CLAPS) de dudosa calidad. Proteínas cárnicas usuales por conejos criados en casa. Medi­ci­nas debidamente patentadas por pócimas so­cia­listas. Sistema educativo de calidad por pro­gramas proselitistas de corte fascista. Vías de comunicación pavimentadas por trochas. Sistema Judicial formal por exaltadas parcelas proselitistas,  etc.

Esos efectos degradantes, entre muchos, buscan instituir una “guía social mansa” para que el individuo, gremios, colegios profesio­na­les y grupos en general, la asuma como “costo necesario del socialismo”. En el fondo se busca proteger haberes particulares de ca­ter­vas escaladas al poder por una fatalidad his­tórica encarnada por un militar golpista. Así ocurre desde hace 60 años en Cuba. En otras palabras, resignación a la fuerza. Sin duda la adaptación defectiva, de corte marxista o de derecha, es vital para toda dictadura. Los sistemas dictatoriales se apoyan en un “orden conveniente” destinado a cimentar el inmo­vi­lis­mo de la vida cultural asociadamente con ruptura del precepto institucional.

Por otra parte, como ocurría en época del go­ri­lismo latinoamericano de los años sesenta, el régimen requiere de un intenso y abusivo uso de propaganda para convencer al pueblo “de cualquier cosa”. Así ocurrió en Alemania Hi­tle­ria­na en que la atosigadora publicidad estatal era indispensable para simular una condición de estoicismo y bienestar general. Hasta cán­ti­cos indulgentes se transmitían a diario por to­dos los medios mientras asesinaban a mi­llo­nes de judíos.

El régimen se esmera por instituir “un vene­zo­la­no nuevo” para que lleve una vida semejante al hombre de las cavernas. Cuanto más lejano esté de la realidad menos se preocupará por lo que pueda ocurrir en su entorno. Recluirlo en una burbuja desvalijada de alimentos, me­di­ci­nas y servicios para que las cosas sigan su curso por “inercia propia”. Así se confecciona de hecho el estatus más ansiado por regí­me­nes autocráticos: “una mayoría hambrienta pe­ro silenciosa”. En otras palabras, la confección de un ritual que sitúe a la mayoría fuera del ámbito moderno y civilizado para que requiera menos servicios. Una especie de hippie cons­tre­ñido no por voluntad propia sino como “ma­terial político maleable” con designios socia­les disminuidos.

Eficiencia, productividad, libre comercio, inter­cambio comercial e industrial, libre ejer­cicio profesional, son ámbitos muy peligrosos para este socialismo socarrón porque son metas de progreso que coliden con el nuevo venezolano de las cavernas. ¡No salgas, no pidas, no protestes! ¡Ya llegará tu turno de CLAP si te portas bien! Conformidad Vs desarrollo; ese es el debate.

Fuente:  www.eluniversal.com

MIGUEL BAHACHILLE M.

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